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Granos mejorados recuperan su cultivo

Las semillas se estudiaron desde 1982. Se tomaron muestras en las propias comunidades indígenas. Quinua, chocho y amaranto están en riesgo de desaparecer. Iniap fortaleció semillas para preservarlas.

Antecedentes

El Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) investigó desde 1982 el cultivo y el consumo de estos granos para llevarlos al agro.

En 2009, esa entidad lanzó un catálogo de granos andinos. Allí se detalla el origen de cada especie y características importantes. Se apoyará con un recetario.

Tres variedades de granos tradicionales andinos y altamente nutritivos están en peligro de extinción.

El chocho, la quinua y el amaranto, según el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap), están a punto de desaparecer.

La entidad realizó durante más de 20 años un estudio sobre el cultivo de estas variedades en Ecuador y encontró que están siendo reemplazadas por la siembra de variedades comerciales de legumbres y tubérculos como papa, maíz y cebada.

Eduardo Peralta, líder del Programa Nacional de Leguminosas y Granos Andinos del Iniap, recorrió desde 1982 varias comunidades de la Sierra ecuatoriana, zonas aptas por el clima y altura para el cultivo, y concluyó que a los “agricultores ya no les interesa cultivarlas, pues se perdió la costumbre de consumirlas”.

El ingeniero agrónomo explica que la razón se encuentra en que durante muchos años estuvieron marginados geográfica y racialmente. Hace 30 años se creía que eran alimentos para pobres, ya sea por su apariencia o sabor.

Por ello, Peralta, en compañía de cinco ingenieros agrónomos y una profesional en el área de alimentos, recolectó las semillas nativas (autóctonas) de las variedades que aún se siembra, pero ya no encontraron especies en Cañar, Azuay ni Loja.

Las pocas semillas recolectadas fueron estudiadas en los laboratorios del Iniap. Se hicieron mejoras en las variedades -explica el técnico- como en el caso de la quinua, que se disminuyó el grado de saponina (sustancia que produce un sabor amargo al grano) hasta llegar al 0,06%, antes tenía hasta un 1 y 3%.

Estas especies integran el Banco de Germoplasma, en donde reposan las semillas primarias recolectadas. La reserva tiene 608 colecciones de quinua; 381, de chochos y 434 de amaranto blanco y negro o sangorache.

17.000 especies y variedades de semillas de plantas tradicionales están en el Banco de Germoplasma.

Marcelo Tacán, líder encargado del departamento de Recursos Fitogenéticos del Iniap, considera que es importante la conservación de estas especies “porque preservan la biodiversidad, son especies altamente nutritivas en proteínas y calcio y se deben mantener. Alude que lastimosamente se pierde de a poco la tradición de consumirlas y están siendo reemplazadas con otras especies. “No está mal que así sea, pero no se deben dejar de lado”, afirmó.

Tacán sostiene que el trabajo en el Banco está en recibir las especies y catalogarlas: “ellas son las bases para futuras investigaciones”.

Peralta ya tiene listas la semillas mejoradas para que se cultiven en varias comunidades indígenas del país. Ya se hizo la primera selección de las zonas. Por ejemplo, en Imbabura, se proyecta llegar a 30 comunidades; en Pichincha a cuatro o seis zonas de cultivo, y 15 en Cotopaxi. De esta siembra se espera, en este año, sembrar 10 hectáreas de chocho (que se traducen a 300 quintales, 300 hectáreas de grano), 5 hectáreas de semilla de quinua (100 quintales y 300 hectáreas comerciales) y 5 hectáreas de amaranto con 120 hectáreas de semilla apta para la comercialización. Los agricultores quieren probar cómo les va con estas semillas. Carlos Guachamín trabaja en Imbabura y cuenta que la producción de amaranto, por ejemplo, no genera ganancias: “sirve de alimento para las porquerizas, pues la gente no compra y se siembra sin resultados”. El agricultor sostiene que los cultivos de papa, cebada y maíz son irreemplazables: “si me dieran las semillas probaría, pero sembraría en menos de una hectárea hasta ver cómo va”.

Tránsito Simbaña vive en la comunidad de Pastocalle, en Cotopaxi y comparte el mismo criterio. Pero ella alerta que la sequía es otro problema: “no tenemos agua, los sembríos se queman, antes era bueno sembrar, hoy no”.

Consciente de esta realidad, utiliza estrategias como la siembra precoz, que madura temprano, para no perder las variedades nativas y guardar las semillas en los bancos locales.

Carlos Guachamín

Agricultor que trabaja en la provincia de Imbabura

“Los intermediarios ganan con nuestra producción, ellos se llevan nuestro dinero; nosotros no ganamos nada”.

Tránsito Timbaña

Agricultora de la comunidad de Pastocalle, en Cotopaxi

“La gente piensa que la quinua y el amaranto son hierbas malas, nadie las compra, entonces los cultivos se pierden...”.

María Elena Vaca

mvaca@telegrafo.com.ec

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