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La industria compra el 50% del aceite de palma

Ecuador exportó $ 220,5 millones en aceite de palma en bruto. Venezuela compró el 50%, pero los productores apuntan a Europa.

 

La labor no interfiere en la vida de quienes habitan en la zona rural de Quinindé, provincia de Esmeraldas. Desde allí opera Palcien, extractora que fue creada en 1994, una de las primeras de las 42 que existen en la actualidad y que están encargadas de moler y absorber la materia prima que se adquiere de las 240.000 hectáreas de palma sembradas en el país.

 

Guillermo Hernández, gerente de Palmera de los Cien (Palcien), cuyo nombre rinde honor a los 100 productores que inicialmente la fundaron, afirma que la empresa está procesando unas 80 mil toneladas anuales de las 440 mil que se generan en Ecuador.

 

Tanques metálicos y herméticos permiten la cocción de la fruta que posteriormente se desgrana y se tritura para desprender sus semillas internas y formar con ellas una masa.

 

Diego Palacios, técnico de la extractora, afirma que el proceso continúa con la filtración que permite separar lo líquido (aceite) y lo sólido (desechos); este último utilizado para generar energía en los calderos.

 

El secado, con temperaturas de hasta 100 grados centígrados, viene después. “El aceite que es para consumo humano debe tener un 3,5% de acidez”, acota el experto.

 

Consumo industrial. La materia prima que sale de las extractoras se destina a las principales industrias del país que se encargan de elaborar productos con valor agregado. La mayor demanda viene de empresas como La Fabril, Epacem, Danec, Ales y Unilever.

 

La primera es una de las que más aceite compra. En el 2011 consumió 125 mil toneladas para fabricar productos como jabones, aceites y grasas.

 

La pepa que compra la empresa, con sede en Manta, es molida en las cuatro extractoras que instaló (en Esmeraldas, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas) en los últimos dos años, tras invertir 10 millones de dólares.

 

A diferencia de industrias como Ales, La Fabril no posee plantaciones, “por lo que 2.700 agricultores son nuestros únicos proveedores”, señaló Jimmy Moreira, director financiero de la extractora Río Manso de Santo Domingo.

 

En Epacem, ubicada en la Concordia, provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, también dependen de terceros. El 80% de la fruta que se procesa a diario proviene de los agricultores de la zona, el 20% de cultivos propios.

 

Ya en la planta de esta industria, el aceite atraviesa un proceso técnico de refinación, que consiste en bajar la intensidad de acidez y su color rojo. Luego se lo somete a una nueva filtración: con el componente líquido se prepara aceite de cocina; con los sólidos, la margarina, la manteca y el jabón que se usa para lavar la ropa.

 

La mano del hombre interviene al final del proceso. Sin bajar la guardia, Pedro Franco y su compañero Juan Bravo manipulan unas máquinas que se encargan de llenar, con manteca, las cajas de 3 kilos que descienden de una larga resbaladera. A un lado los inspecciona Luis Lema, jefe de envasado, quien controla que, por minuto, se despachen hasta 8 cartones.

 

Compromiso ambiental. Las industrias que dependen de la producción del aceite de palma están conscientes del impacto ambiental que provoca la actividad cuando no se trabaja de forma regulada. Por ello, hace dos años el sector empezó a aplicar medidas.

 

En Epacem se destinó una inversión de $ 1’000.000 para instalar una planta para elaborar compostage, en base a las aguas residuales que arroja el proceso industrial y al raquis o tusa que sobran de los racimos de la palma. “Todo lo que hoy se desperdicia ahora será utilizado para fabricar abono orgánico. Con esto cerraremos el ciclo, devolveremos al suelo lo que hoy le quitamos con la cosecha de la palma”, señala Alfonso Castro, jefe de refinación de Epacem.

 

Una práctica parecida también están realizando las otras industrias del sector. Saben que la fuerte carga orgánica que poseen estos desechos podría provocar contaminación en caso de ser vertidos a un río.

 

Compañías como Unilever, en cambio, se enfocan en la motivación. Actualmente realiza campañas de acción entre sus proveedores de aceite para conseguir que a partir del 2014 sus procesos estén avalados por una certificación ambiental internacional. Como industria buscan garantizar a la colectividad que las materias primas que utilizan para la elaboración de sus productos, como la margarina, provienen de fuentes sostenibles.

 

Fuente: Diario “Expreso”

Actualizada la última vez por agronegociosecuador May 7, 2012.

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